Sinfonía triste


¿Quieres robar el misterio
a la tierna luna blanca?
¿ Quieres poner alhelíes
en jarrones de oro y plata?
¿Quieres buscar en el bosque
manantiales de agua clara?
¡Hazlo niña de la tarde
mientras mi esperanza canta!

Este día… ¡Yo no sé!
siento que delira mi alma.

Van tres pobres caminando
rumbo a la verde montaña,
en sus vestidos morados
la lluvia fresca resbala.
Sin prisa, por los niveles
del corazón, alguien baja
resonando los tacones
y entonando una plegaria.
El gemir de los violines
se diluye entre las almas,
un piano desesperado
armoniza con las arpas.
Toda la música implora,
toda la música estalla,
¡caen cirios encendidos
y la casa prende en llamas!

Yo tuve un amor ¡tan grande,
que en el absurdo rayaba!
hoy, al saberlo distante,
siento que el aire me falta.
Quisiera extender mi mano
de pirámides y espadas
por la fría oscuridad
de las noches estrelladas,
y sujetar de las trenzas
las inmensas nubes blancas
para soltarlas de nuevo
antes de rayar el alba.

En el techo de mi cuarto
se extienden guías de parra
chispeando intensamente
formando otra vía láctea.
Cupido cae en el pasto
y las flechas de su aljaba
esencia de amor dispersan
sobre la hierba mojada.
Más que yo, nadie conoce
la indiferencia de tu alma,
la emoción no me estremece
cuando a la puerta alguien llama.

¿De qué nos sirve hacer nidos
en penachos de altas palmas?
si no engendramos polluelos
que saben batir sus alas.
¡Cuánto necio hay en el mundo!
Un jinete, esta mañana,
por ir corriendo a su amor
se despeñó en la barranca.
Dicen que no era suicida
porque en su pecho llevaba
con el afán de su afecto,
persistencia y esperanza.

Estoy muriendo… ¡lo siento!
está delirando mi alma,
y no puedo contener
imágenes ni palabras.

¡La música va llorando!
Locuras inanimadas
atrapan las ocho piernas
de sorprendidas arañas.
En el pueblo de regresos
donde tenía mi casa
hoy cantan las golondrinas
canciones testamentarias.
Al hablar con los espejos,
el dolor de mis palabras
rebota y se desintegra
sobre las paredes blancas.
y todo empieza a subir
por la gran noche estrellada
entre doblar de tambores
y repicar de campanas.

Este día… ¡Yo no sé!
está delirando mi alma.

Por Humberto Garza

Piel de plata

Cuando ciego te buscaba,
Mi alma te iba pariendo
Mientras dejaba huellas con la forma de una luna
No había paredes en mi cuarto
Solamente rincones donde sombras con mil brazos
Pedían resplandores.
No había un pan en mi altar
Y en el viejo pergamino
Las moscas devoraban las amargas letras sagradas.

No crecía un árbol de manzanas en mi solitario lecho
Y a los dedos de mis manos se los llevaba el viento.
Fue así como te hice, convirtiendo en carne mis sueños
Con el resplandor de la luna dándote una piel plata.

Colocando un ojo vivo en tus mil manos que imploran,
Para que doblada en cuatro, fueras el cáliz de mi mesa
Y en tus innumerables labios se tatuara el nuevo credo.
Tu voz sin fin entrando en el mundo
Como una hostia roja hasta paralizar el infinito espejo en una eterna imagen.

No crecía un árbol de manzanas en mi solitario lecho
Y a los dedos de mis manos se los llevaba el viento
Es así como te hice, convirtiendo en carne mis sueños
Con el resplandor de la luna dándote una piel plata

Alejandro Jodorowsky

Me tienes en tus manos

Me tienes en tus manos 

y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo de ti más que en mí mismo.

Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¡Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo!
¡Qué distante y qué ausente cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte amor mio.

Jaime Sabines

Qué bonita te ves vestida para atacarme. Cuando tu fría distancia cercana me declara la guerra matando mis ganas y la costumbre de devorarte a tiernas miradas de día y de noche. De nada me sirve un cuerpo que no quiere sacrificar ni un alma por mí, yo te di las mías y las convertiste en mi contra. Para sembrar el dolor, es en lo que siempre triunfas. Y yo derrotado, vencido, te doy mis pocos suspiros para quedar en tregua y ganar algunos días de aparente felicidad que terminan perdiéndose cuando me atacas de nuevo con cada mentira y reclamo sin fundamentos. Y yo como vencido siempre busco quedar bien, recuperar lo que perdí esperando volver a perderme en las tierras que alguna vez fueron mías, porque me gustaba en lo que ellas floreaba; ternura, pasión, cariño, apoyo. Pero que se fueron erosionando por algo que todavía no entiendo. Por tener tu paz muero.

Perdón, entonces perdón.

Perdón por llorarte y desahogarme escribiendo en una servilleta que más tarde se romperá por las lágrimas que cayeron en tu nombre. Porque estoy mal y te hice dueña de mi felicidad y mi necesidad, porque aquí adentro estaba oscuro y me ayudaste a iluminarme con una sonrisa celeste. Por romperme al quererte.

Perdón, entonces perdón.